Combate aéreo de incendios forestales: Chile en el foco

En el verano de 2017, el fuego se apodera descontroladamente de cerca de 467 mil hectáreas de la zona centro-sur de Chile. Mediáticamente, las aeronaves de distintas categorías, muchas de ellas debutando por primera vez en esta zona del mundo, mostraban sus capacidades y dejaban clara la falta de plataformas disponibles respecto a las probabilidades de enfrentar una catástrofe de estas dimensiones por parte del Estado.

 

Cada vez que nos refiramos a incendios forestales, nos vuelve como relámpago las imágenes de la catástrofe que enfrentó Chile, entre los meses enero y febrero de 2017. Una situación que en cualquier parte del mundo podría ser considerada con el mayor nivel de complejidad, dado que prácticamente no hay países que sean capaces de controlar decenas de focos de incendios en distintas direcciones en zonas densamente boscosas.

La respuesta oportuna en países como Australia, Canadá y los Estados Unidos, se debe principalmente a una histórica –no ajena a complejidades- relación entre el sector publico y privado, con principios sencillos de cada rol. El primero proteger los bienes del Estado y la seguridad de los ciudadanos, y el segundo, proteger la propiedad de las catástrofes.

Según la Corporación Nacional Forestal (CONAF), entidad nacional de derecho privado dependiente del Ministerio de Agricultura, cuya función es administrar la política forestal de Chile y fomentar su desarrollo, los principales orígenes de las catástrofes vinculadas a los incendios es la intervención humana en un amplio espectro de posibilidades. Sin embargo, confiere a la naturaleza una cierta responsabilidad, ya que los rayos solares también han ocasionado fuegos como parte del ciclo natural del medioambiente. Casos en el continente africano pueden considerarse como ejemplos, pero que por ningún motivo guardan relación con la mayoría de las emergencias.

En Chile, CONAF tiene un alto índice de respuesta en cuanto a acción sobre nuevos focos de incendio. Según datos de la institución, un 90% son detectados y extinguidos en un área bajo las cinco hectáreas. En el caso enfrentado en el verano 2016-2017, la carencia de precipitaciones y la abrupta alza en las temperaturas, sumada a la presumible intervención humana hicieron de unos focos de incendios aislados, crea un mega incendio que afecta cerca de medio millón de hectáreas de zonas principalmente forestales de tres regiones administrativas del país.

Es importante señalar que posterior a la catástrofe pudo ser el momento en que el Estado a través de sus organismos especializados, hiciera un aumento y mejorías en el sistema de licitaciones para contar con equipos de distintas categorías para prevenir los incendios. Sin embargo, dicho escenario –altamente esperado- no se produjo, afectando ese “salto hacia delante” que esperaba la industria y el país.

La situación experimentada por Chile en 2017, pone en evidencia la falta de recursos y una extrema complejidad burocrática, que prácticamente deja en manos de privados gran parte de la respuesta a la emergencia, incluso en el origen de los fondos económicos.

 

Experiencia

Más allá de lo coyuntural, a un año de producida la catástrofe se observa que el nivel de respuesta no ha variado significativamente ni contundente. De hecho, prácticamente se mantiene la misma estructura. Sólo en términos operativos, el escenario de 2017 ha dado espacio para que grandes aeronaves, principalmente helicópteros, se incorporasen al trabajo, algo que sólo se podía visualizar en un lejano plazo si los proyectos energéticos – hoy en su mayoría detenidos- llegaban a concretarse.

En ese sentido, durante la temporada de verano 2018 se tienen los arribos de los helicópteros Erickson S-64 Aircrane, operados por Ecocopter y Helifire, junto al Columbia 234 de Columbia Helicopters incorporado por Discovery Air Innovations. En todos estos casos, el material aéreo es contrato por privados asociados a las empresas forestales.

La experiencia reciente trae a Chile, helicópteros que no se encontraban disponibles para misiones de extinción de incendios. En general, la flota permanente para estos propósitos esta compuesta por una importante cantidad de helicópteros Bell 206 en distintas versiones, asociados a la categoría mas liviana para estos fines con capacidad inferior a una tonelada de izamiento. Con mayor fuerza y capacidad están los Bell 407, Airbus H125 (AS350B3) y Leonardo AW119 Koala, todos con capacidades cercanas a los 1500 kg. de carga colgante y que son los más usados actualmente en Chile, tanto por firmas locales como foráneas.

Es importante señalar que Eagle Copters, ofrece la posibilidad de llevar un Bell 407 al estándar Eagle 407HP, que le ofrece levantar casi 500 libras adicionales (226 kg.) de carga útil gracias a la incorporación de una planta motriz Honeywell HTS900, junto con mejoras en el sistema de control y menores costos operativos, una aeronave ideal para el combate de incendios que suma el primer operador en Chile para trabajo aéreo.

La fuerza y tradición esta representada por los UH-1 Huey y sus variantes, entre ellas el Huey II, que posee un motor mas poderoso y mayor autoridad de vuelo gracias a su motor T53-L-703 de Honeywell y los componentes dinámicos del Bell 212 como el kit de rotor, transmisión y rotor de cola que le otorgan unos 2,268 kg. de carga colgante.

Durante los incendios ocurridos a las a comienzos de 2017, por requerimiento de CONAF, llegan a Chile, tres Bell 205 A1++ una versión equipada con Lycoming T53-17 que le atribuye una capacidad de gancho de carga cercana a los 1.900 Kg. Junto a éstos, debuta del Kaman K-MAX 1200. Se trata de un helicóptero de rotores entrelazados, ideado para trabajo aéreo y levantamiento de cargas para la construcción como también para la extensión de incendios con helibalde torrentula, que es capaz de succionar agua desde fuentes hídricas de menor profundidad.

Las perspectivas para los constructores no es realmente promisoria para la venta de helicópteros, sin embargo para servicios de combate de incendio, se abre un pequeño nicho que ha llamado a helicópteros de mayor categoría. La necesidad de contar con un sistema de prevención materializado en una flota de helicópteros de todas las categorías de manera permanente, significa una inversión que otorga mayor seguridad, pensando siempre, en la posibilidad de enfrentar una gran catástrofe como la recién pasada.

 

Ala fija

Tomando la experiencia de otros países y la capacidad en aeronaves que pueden ser equipadas con equipos contra incendios, la inclusión de las Fuerzas Armadas puede ser una alternativa adicional que complemente la labor desempeñada por el mundo privado. Para tal propósito, es necesario una capacitación de unidades de infantería en el combate de incendios, al estilo de los brigadistas de CONAF, y en adaptar unidades C-130H con sistemas de extinción MAFFSII, además de ampliar la flota actual de aeronaves C295 que incorporará el sistema modular.

El equipamiento de los helibaldes es equipos instituciones es también fundamental. En una perspectiva más a largo plazo, se pueden crear unidades especializadas con aeronaves diseñadas para el combate de incendios como los CL415, Beriev Be-200 o Air Tractor AT-802.  Por otra parte, se postula que las entidades contratantes de Estado garanticen contratos que sean beneficiosos para este, cuando se encargue servicios temporales para el control de incendios a empresas privadas. Se trata de una medida usual en países que conviven frecuentemente con este tipo de emergencias.

Los acontecimientos de la temporada 2016-2017 pueden marcan un punto de inflexión en la historia del combate de incendios y gestión de emergencias en Chile, siempre y cuando, las autoridades encargadas de tomar las decisiones actúen con una mirada de largo plazo. Pese a las declaraciones acerca de “lecciones aprendidas”, la incertidumbre sigue estando altamente presente y  a la vez desafiante. Por el momento, lo único claro es el trabajo pendiente por hacer.