Tigres de latitud austral

Con el mérito de ser el destacamento de aviones de combate más austral del planeta, el Grupo de Aviación Número 12 es el orgullo de una Fuerza Aérea de Chile que debe atender el cuidado de su soberanía en escenarios geográficos extraordinariamente diversos. Visitamos a los “Cazadores de la Patagonia” y conocimos el presente y futuro de sus operaciones.

Fotos: Cristobal Soto Pino

El F-5 es sin duda uno de los caza de combate más icónicos de la Fuerza Aérea de Chile (FACH). En su larga trayectoria en las filas nacionales, la cual se remonta a la década de los setenta, ha sobrevivido a la desactivación de los Hawker Hunter, Mirage Elkan, Mirage Pantera y A-37B Drangonfly. Su presentación – un día 26 de julio 1976 – significó además el inicio de la era supersónica para la FACH, la cual debutó con sus operaciones en el Grupo de Aviación Nº7, en la Base Aérea Cerro Moreno de la ciudad de Antofagasta.

Las 18 unidades F-5 (14 F-5E y 4 F-5F) se transformaron así en la punta de lanza de la defensa aérea y significaron la espina dorsal durante la tensión político-militar que enfrentó a Chile con la Argentina del General Jorge Rafael Videla.

Luego, en la década de los ochenta, los Tigres sufrirían de primera mano los efectos de la Emnienda Kennedy, que limitó la adquisición de repuestos y mantuvo una disponibilidad de flota muy precaria, dejando a Chile en una desventaja comparativa frente al virtual enemigo.

Para fines del decenio, la FACH buscó mejorar las capacidades de los F-5E/F,  sobre todo en lo que se refería a radar y armamento gracias a que los aparatos fueron adquiridos nuevos y contaban con horas remanentes suficientes para trabajar sobre ellos.

Así, la fuerza aérea, a través de Enaer y en conjunto IAI Systems de Israel, desarrolló el proyecto Tigre III Plus, que llevaría a los cazas a un nuevo estándar: Se incorporó un radar ELTA EL/M 2032B, un nuevo sistema de administración de datos, dos pantallas multifunción, HOTAS, Head Up Display y asientos eyectables cero-cero Martin-Baker Mk.10, además de un sistema de combate con casco DASH de Elbit Systems, que le permitió administrar desde este hardware los datos de la aeronave y la selección de objetivos. Gracias a esto, los Tigres comenzarían a utilizar los misiles Rafael Python 3 y Python 4, con una mejora considerable en su capacidad de combate.

Las modificaciones se realizaron inicialmente sobre dos aeronaves (el F-5E (805)) y el F-5F (917)), en 1993 en las instalaciones de IAI en Israel. También se trabajó en la integración de sistemas de autoprotección, con la alerta de radar de la firma chilena DTS: una suite de perturbación electrónica Jammer A-401 y dispensadores de chaff y bengalas.

Luego, las mejoras continuaron cuando los Tigre III volvieron a estar operativos y desplegados en las inmediaciones del desierto, con la instalación de sonda de reaprovisionamiento en las dependencias de Enaer, extendiendo considerablemente su radio de acción.

Ello fue demostrado en las misiones a Isla de Pascua, Manu Tamaì (del pascuense pájaro de guerra) en enero de 1998, donde se trasladarían cuatro unidades desde la Base Aérea Cerro Moreno de Antofagasta al Aeropuerto Internacional Mataveri, una travesía de cinco horas y media que comprendió unos 4.000 km., posibles gracias al apoyo al tranquero multipropósito Boeing KC-707 Águila del Grupo de Aviación Numero 10.

Más tarde, entre julio y agosto de 1998, seis F-5 participarían del ejercicio estadounidense Red Flag, en la Base Aérea Nellis, en el desierto de Nevada. Aquello daría a los Tigre III un historial de despliegue que ninguna otra aeronave había obtenido en Chile; desde entonces devino en un componente disuasivo que erigió a la FACH como una de las Fuerzas Aéreas más modernas de la región.

Luego se le sumaria la participación en el ejercicio multinacional Cruzex IV, con seis tigres del Grupo de Aviación Nº7, unidad que se encontraba en la transición a integrar los F-16 A/B MLU adquiridos a Holanda.

Australes

En 2010, las aeronaves se trasladarían desde la V Brigada Aérea a su actual hogar, la Base Aérea Chabunco, donde está el Grupo de Aviación Nº12 en la IV Brigada Aérea y donde relevaron a los Cessna A-37B Dragonfly.

Los “Cazadores de la Patagonia” se establecieron el 16 de diciembre de 1966 y a principios de 1967 se destacaron seis F-80 y tres T-33, la segunda generación de jet de combate de la FACh. Los Shooting Star arribarían desde la Base Aérea Los Cerrillos de Santiago, en ese momento sede del Grupo Aviación Nº7.

Antes de su reubicación, las aeronaves fueron reemplazadas en Santiago por los recién adquiridos Hawker Hunter y después de solo ocho años de servicio en el Grupo 12, comenzaría la desactivación de los Shooting Stars.

Como consecuencia de esta jubilación, el entonces Comandante en Jefe de la FACH disolvió la unidad, pero los problemas fronterizos con la vecina Argentina llevaron al alto mando de la FACH a transferir la flota A-37 de Iquique a Punta Arenas y, por lo tanto, el Grupo 12 se restableció el 27 de diciembre de 1976, arribando las primeras unidades a Chabunco a mediados de 1977.

Durante sus 38 años de vida operacional en Chile, los A-37B participaron en varios ejercicios de preparativos ante un inminente conflicto. Una importante evolución ocurrió con la llegada -desde Israel- del tanquero Boeing 707-321 “Aguila” en 1996 que permitió comenzar con los entrenamientos para pilotos del Grupo 12, proporcionados con asistencia israelí. Entonces, un 4 de agosto de 1996, un Dragonfly (619) se convirtió en el primer avión chileno en la historia en hacer contacto con un avión de reabastecimiento.

Un primer y último viaje al exterior llevaría al Grupo 12 a desplegarse en Brasil, para la tercera edición del ejercicio multinacional CRUZEX en la Base Aérea de Anápolis.

Los Drangonfly se retiraron oficialmente el 24 de noviembre de 2009 y se pusieron a la venta. Sin embargo, los dos A-37 restantes se mantuvieron en servicio hasta marzo de 2010, en la espera de la llegada de los Tigre III.

Hoy

Hoy en día, la base Chabunco aun cuenta con personal especializado del Grupo 7 previamente destinado en Antofagasta, componente fundamental para el correcto desempeño de los aviones en un escenario climatológico verdaderamente complejo y que obliga a los pilotos a usar traje anti-exposición para los casos de eyección sobre los gélidos mares australes.

La generación de pilotos del Tigre tiene una considerable experiencia acumulada en los cielos del desierto, y actualmente se enorgullece de tener a un importante número de exmiembros en el alto mando.

 

Actualmente, las distancias involucradas son la principal complicación en la organización de estos escenarios, lo cual se ha facilitado con la incorporación del KC-135E Stratotanker en 2010: para mediados de 2011, un KC-135 del Grupo 10 había recibido la extensión de manguera y canastilla para reaprovisionar en vuelo aviones con sonda tipo lanza, ampliando el alcance operacional de los Tigre III. Los F-5 participan activamente en ejercicios entre los grupos de combate de la FACH, lo que ha llevado a los cazas de vuelta en Cerro Moreno –su antigua base- y a otras latitudes chilenas.

En 2010 se firmó un contrato de mantenimiento con Ruag para la revisión completa de los motores J85-GE-21B, y mas tarde se firmaría un contrato con Kellstrom Defence para realizar el reacondicionamiento estructural de las alas, lo que requirió el desmontaje y revisión de las aeronaves en las instalaciones de Enaer, dándole a los tigres una extensión de la vida útil de al menos 10 años.

Con una vida operativa que podría completarse la próxima década, es importante la revisión y estudios para el relevo de los cazas. Entre las opciones de reemplazo podrían estar F-16 de segunda mano adicionales desde distintos oferentes, como también unidades del Saab Gripen usados, como también algún entrenador avanzado en la categoría LIFT, lo incierto del futuro de los tigres australes sigue amparado de la nula información pública sobre las opciones o plazos para la desactivación de los F-5E Tigre III.